Tablas que hay que comprar
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CalculObra Tarima exterior (decking)
Dinos cómo es tu suelo y te decimos cuántas tablas comprar, cuáles hay que recortar y a qué medida, cuáles de esos recortes se aprovechan, cuántos rastreles y cuánto cuesta.
Tablas que hay que comprar
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Cada tramo se calcula por separado y luego se suman los materiales. Es la estimación segura: si las tablas te cruzan de un tramo a otro sin cortar, puede que necesites alguna menos.
Tablas que hay que recortar
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Superficie del suelo
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Filas de tabla
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Rastreles que hay que comprar
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Empalmes a testa
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Fijaciones (aproximado)
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Aprovechando los recortes
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Coste estimado de materiales
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Coste por metro cuadrado
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Calcular tarima no es dividir los metros cuadrados entre los metros cuadrados que trae la caja. Una tarima se monta en tiras largas apoyadas sobre una estructura, y lo que se compra son piezas de un largo fijo que hay que cortar. Por eso el cálculo va en tres pasos: primero cuántas filas de tabla caben a lo ancho, luego cuántas piezas enteras hacen falta para cubrir cada fila a lo largo, y de ahí sale el número que importa, que es cuántas tablas hay que meter en el carro.
Entre una tabla y la siguiente se deja una junta de unos 5 mm, y no es un capricho de montaje. La madera y el composite se mueven: con el calor del verano y con la humedad de la lluvia la tabla crece a lo ancho, y si no tiene por dónde crecer empuja contra sus vecinas, se abomba y levanta las fijaciones. La junta también es el desagüe: por ahí escurre el agua en lugar de quedarse encharcada sobre la tabla, que es lo que pudre la madera y mancha el composite. Para el cálculo, esa junta importa porque cada fila no ocupa el ancho de la tabla, sino el ancho de la tabla más la junta. Una tabla de 145 mm con 5 mm de junta ocupa en realidad 150 mm, y esa es la cifra con la que hay que dividir el ancho del suelo.
El rastrel es el listón sobre el que se apoya y se atornilla la tarima. Va cruzado respecto a la tabla porque cada tabla tiene que apoyarse en varios puntos a lo largo de su recorrido: si el rastrel fuese paralelo, la tabla apoyaría en una línea continua o en ninguna, y entre apoyo y apoyo se hundiría al pisar. Cruzados, los rastreles reparten el peso, dejan que el aire corra por debajo —lo que mantiene seca la cara inferior de la tabla— y dan un punto de fijación cada pocos centímetros. La separación habitual es de 40 cm entre ejes, y cuanto más fina o más hueca sea la tabla, más juntos tienen que ir. En el cálculo se cuentan a lo largo del suelo y cada uno mide lo que mide el ancho, más un rastrel extra para cerrar el último tramo.
Esta es la parte donde casi todas las calculadoras se quedan cortas, y donde la gente se lleva el disgusto en la tienda. En el almacén no venden metros sueltos ni medias tablas: venden piezas de 2,00, 2,20, 3,00 o 4,00 metros. Si tu suelo mide 5 metros de largo y la tabla mide 2,20, cada fila necesita tres piezas —dos enteras y una cortada a 60 cm— y el metro y medio que sobra de esa tercera se queda en el suelo del taller. Por eso esta calculadora cuenta cada pieza recortada como una tabla completa: es lo que vas a pagar de verdad.
Lo mismo pasa a lo ancho. El ancho del suelo casi nunca es múltiplo exacto de 150 mm, así que la última fila hay que cortarla a lo largo para que encaje. Esa fila entera se compra completa y luego se le quita la parte sobrante con la sierra. La herramienta te dice a qué medida queda esa última fila, para que sepas de antemano si te va a quedar una tira demasiado estrecha y fea, en cuyo caso conviene repartir el recorte entre la primera y la última fila, o mover un poco el planteamiento.
Como todo ese desperdicio de los cortes ya va contado pieza a pieza, el porcentaje que puedes editar no es el desperdicio, sino un margen adicional: roturas en el transporte, un corte mal dado, una tabla con un nudo saltado que no quieres poner en medio. Un 10 % cubre lo normal.
No todos los recortes valen. El que sobra al cortar una tabla a lo largo del suelo sí suele servir: si tu fila mide 5 metros y la tabla 2,20, la tercera pieza se corta a 60 cm y sobra un trozo de 1,60 m. Con ese trozo salen dos remates más de 60 cm, así que una sola tabla remata tres filas en lugar de una. La calculadora hace esa cuenta y te dice cuántas tablas necesitas de verdad si cortas con cabeza, y cuántas te ahorras. En el ejemplo de arriba, pasar de 90 a 70 tablas es dinero que se queda en el bolsillo.
El recorte deja de servir cuando es más corto que el remate que necesitas. Si tu fila mide 4,25 m con tabla de 2,20, el remate es de 2,05 m y solo sobran 15 cm: eso es merma y no hay nada que hacer. Lo mismo con la tira que sobra al estrechar la última fila a lo largo: si mide 45 mm puede servir de remate en otra zona, pero si se queda en 15 o 20 mm es un listón demasiado frágil para colocarlo. La herramienta te dice en cada caso si el sobrante vale o no vale, con su medida exacta.
Un apunte práctico: aprovechar recortes obliga a planificar el corte antes de empezar, y deja juntas en sitios que quizá no querías. En una tarima se busca que las uniones entre tablas queden escalonadas, no alineadas, porque alineadas se ven y quedan feas. Por eso el número que sale arriba, el de comprar cada pieza entera, es el que conviene llevarse a la tienda; el del ahorro es el objetivo al que aspirar con la sierra en la mano.
Se divide en rectángulos y se suma. Una terraza en L son dos tramos; una en U, tres; una con una jardinera en una esquina, dos o tres según cómo caiga. Mide cada trozo por separado, mételo como un tramo y la calculadora hace el resto. Ten en cuenta que cada tramo redondea sus propias filas hacia arriba, así que el resultado es conservador: si las tablas cruzan de un tramo a otro sin cortar, puede que gastes alguna menos. Para comprar material, que sobre poco es mejor que faltar.
Si la tarima se apoya sobre una solera nueva, calcula antes el hormigón de la losa: su espesor sube la cota del suelo y cambia la altura a la que quedan los rastreles. Y si las medidas que tienes están en otras unidades, el conversor pasa metros cuadrados a metros lineales con el ancho útil de tu tabla.
Depende del ancho de la tabla y de la junta que dejes. Con la medida más habitual en España, tabla de 145 mm y junta de 5 mm, cada fila ocupa 150 mm, así que en un metro de ancho entran 6,67 filas. En un metro cuadrado eso son unos 6,67 metros lineales de tabla, y con piezas de 2,20 m salen unas 3 tablas por metro cuadrado. Con tabla de 120 mm la cifra sube a unos 8 metros lineales por metro cuadrado, y con tabla de 190 mm baja a unos 5,1. Pero ojo: esa cuenta es teórica. Como las tablas se compran enteras y varias hay que recortarlas, el número real que te llevas de la tienda es mayor. Mete tus medidas arriba y te da el tuyo.
Lo normal es cada 40 cm entre ejes en madera maciza y en composite de tabla llena. En composite hueco o en tablas finas conviene bajar a 30-35 cm, y en zonas de mucho paso o si la tarima se coloca en diagonal se cierra aún más, hasta los 25-30 cm. La separación correcta la marca siempre el fabricante de la tabla: es el dato que más varía entre marcas, y montar con los rastreles más abiertos de lo que pide es la causa número uno de que una tarima flexe o suene al pisarla.
Aquí el desperdicio de los cortes ya va contado de forma exacta, porque cada tabla recortada se suma como pieza entera. El porcentaje que puedes editar es un margen añadido para lo que no se puede calcular: roturas en el transporte, un corte mal dado, una tabla defectuosa. Un 10 % cubre lo normal; súbelo al 15 % si el suelo tiene muchas esquinas, si vas a colocar la tarima en diagonal o si es la primera vez que montas una. En suelos muy pequeños conviene ser generoso: en 6 m², un solo corte mal dado ya te deja corto.
Entre 4 y 8 mm, siendo 5 mm el valor más usado. Esa junta permite que el agua escurra y que la tabla se mueva con el calor y la humedad sin empujar contra sus vecinas. Si usas clips ocultos, la junta te la fija el propio clip, así que basta con mirar la medida del clip que vas a comprar y poner esa. Con madera maciza colocada muy seca conviene dejar algo menos, porque la tabla hinchará al coger humedad; con madera que llega húmeda de almacén, algo más, porque encogerá al secarse.
Muchas veces sí, y es donde más se ahorra. Cuando el largo de tu suelo no es múltiplo del largo de la tabla, cada fila termina con una pieza cortada y sobra un trozo. Si ese trozo es igual o más largo que el remate que necesitas, sirve para rematar otra fila. Con filas de 5 m y tablas de 2,20 m, el remate es de 60 cm y sobran 1,60 m: de ahí salen dos remates más, así que una tabla remata tres filas. Si el trozo que sobra es más corto que el remate, es merma y no hay vuelta de hoja. Esta calculadora lo analiza corte por corte y te dice cuántas tablas te ahorrarías aprovechándolos. Eso sí, ten en cuenta que reaprovechar obliga a planificar los cortes y a vigilar que las juntas queden escalonadas y no alineadas.
Divídelo en tramos rectangulares y mete cada uno por separado. Una terraza en L son dos tramos; una en U, tres. Arriba tienes la opción «forma personalizada» para ir añadiendo los que necesites. Cada tramo se calcula por su cuenta y luego se suman los materiales, que es la manera segura de estimar: si alguna tabla te cruza de un tramo a otro sin cortar, gastarás algo menos de lo que dice la herramienta, nunca más.
¿Aún no lo tienes claro?
Composite coextruido si no quieres mantenimiento; pino autoclave si el presupuesto manda; ipe o teca si quieres madera de verdad y aceitarla. En la comparativa están los tipos uno al lado del otro, qué hace bien cada marca y los errores que se pagan caros.
Lamas, cajas, corte de la última fila, rodapié y lámina aislante.
Calcular →Cajas, piezas, cortes, adhesivo y material de junta, con merma real.
Calcular →Metros de rollo, sentido de las tiras, juntas, cinta, cola y arena de sílice.
Calcular →Metros y barras de rodapié descontando puertas y contando esquinas.
Calcular →Sacos de cemento cola según el diente de la llana y el formato de la pieza.
Calcular →Respuestas generadas con inteligencia artificial: orientativas y revisables. No introduzcas datos personales que no quieras compartir.